
Y desperté, mis temores habían desaparecido, estabas tú ahí, yo en mi realidad… Mi deseo más profundo, el pedido más grande que mi ser había soñado.
Me perdone a mi misma y eso bastó para que tu lo hicieras después, no más rencores, no más peleas, estábamos los dos como almas puras, mirándonos sumergidos en un abrazo, como si el reloj no avanzara, como si la distancia no existiera, lo importante era abrigar el silencio.
La vida emprendía nuevamente, los latidos de tu corazón traveseaban con los míos y un simple beso en la frente valía más que todas las riquezas del mundo.
Tantos segundos indagando como llegar a tu corazón de limón, para no conseguir tu compasión sino el universo de tu sonrisa.
Esperaba algún gesto tuyo que me diera la señal para continuar en la travesía, no me importaba esperar hasta que la nieve del tiempo envuelva mis cabellos negros, por que sabía que tú eras mi felicidad.
Me enseñaste muchas cosas en tan pocos instantes, pero no interesa el tiempo que subsista pues hay personas que no borras jamás.
El dueño de mis sueños y mis desvelos, imposible no dejar un segundo del día para no pensar en ti, tus recuerdos curioseaban por mi ventana y el olvido hacia de las suyas para no ahogarte en sus mares.
La soledad me llevó a conocer un amigo llamado tiempo; tiempo que agradezco, tiempo a quien pido compasión, tiempo que no dedique para mi, tiempo que me dio la respuesta para encontrar un claro sentido a mi vida. No hay mejor persona que te ame, más que tú misma; no existe una sonrisa perfecta más que la tuya, no sentimos el verdadero perdón más que el realizado hacia tu espíritu…
Y es cuando sentí el verdadero amor, es cuando volví a tropezar con tus huellas en medio de mi camino…El pasado que nos separó, ya paso; nuestras risas se escuchan a lo lejos.