
Con el cabello mojado tentando a la gripe de mañanas congeladas, con unas medias extrañas y converse morada (fiel compañera de eternas caminatas), jean azul y una polera gigante, estaba ella, corriendo por el patio de aquel colegio, sin tener miedo de sufrir una caída, como si el mundo fuera solo de ella y sus alumnos, pequeños niños que la abrazan y besan su hermoso pelo negro mientras juguetea con el viento, en mis veinticuatro años de vida, nunca vi una mujer igual, conocerla será mi reto y conquistarla alguna historia sin conclusión.
Mientras me pierdo en su ternura incalculable, pienso que por ella seria capaz de bajar las estrellas más altas del cielo, por ella podría atravesar hasta los océanos nadando, porque solo con divisar su sonrisa, todo el cansancio desaparecería, aquella sonrisa que aliviaría mis males, curaría mi corazón y me haría feliz.
Se que en su mente no estoy presente, que sus sueños tienen otro dueño y que sus ilusiones quizás no tengan mi nombre, para ella solo soy un loco desconocido que la admira ¿Conseguiré ser algún día el dueño de sus bellos ojos negros?
Detrás de su misteriosa mirada, puedo leer tristeza, una muy disimulada; lágrimas retraídas ¿Será que a pesar de brindar sonrisas, amor y ternura a aquellos niños, no es feliz completamente?
El sol se hace más enérgico como suele suceder las mañanas de los domingos, en unos minutos será salida de aquel oratorio, el colegio cerrará y ella desaparecerá, como mis sueños; y es que nunca creí en el amor a primera vista, pero tampoco los años significan amor...pues en algún momento de mi vida pase por eso, hoy soy un hombre con ganas de enamorarme, dos años en soledad han hecho que mi puerta nuevamente quiera abrirse.
Suena el timbre de salida y ella guarda sus cosas, se despide de cada niño, pero mis ojos no logran aislarse de su desconsuelo.
En medio del silencio, los nervios empiezan a retozar conmigo...
-¿Hola?-dijo ella, con el rostro lleno de lágrimas, pero pretendiendo ocultar dicha pena con una sonrisa cálida.
- Disculpa, no quería incomodar, ya me iba (¡rayos!) no me quedo, o sea no me voy pero me quedo, mejor olvida lo que dije antes ¿Qué sucede? ¿Puedo ayudarte?-pregunté o quizás la asusté, fue una mala imitación del característico chico educado.
- Jajaja ¿Cómo te llamas?- respondió, riendo como siempre, secando sus ojos con un delicado pañolón blanco.
- Carlos, me llamo Carlos...y ¿Tú-u-u?- balbucee, sentía que la sangre subía a mi cerebro e iniciaba la explosión de una bomba atómica mientras la conciencia decía a gritos que me deje llevar.
-Margarita, mucho gusto...¿A qué se debe tu presencia en el colegio?- gritó, intentando que pueda responder con serenidad.
Continuara...